domingo, 6 de septiembre de 2009

Felipe Pirela “El Bolerista de América”


Por: José Antonio Orellán


-Del “Empedrao” Para El Mundo-

Quien conozca la ciudad de Maracaibo, capital del petrolero estado Zulia al occidente de Venezuela, sabe que una de las mas populares zonas es la del barrio “El empedrao”, (sic) como se dice en criollo, o maracucho si así lo prefieren. De esta barriada han surgido un grueso e importante número de poetas, compositores, cantantes, trovadores y gaiteros, como se llama a los interpretes de la gaita, género autóctono. Así pues, al humilde hogar de Don Felipe Pirela y Doña Lucía Morón de Pirela llegó aquel 4 de Septiembre de 1941 la bendición de un hijo, bautizado como Felipe Antonio Pirela Morón, a quien el futuro, por su privilegiada voz, concisa compostura y particular interpretación, le otorgaría el reconocimiento de “El Bolerista de América”.


-Los Inicios-

Los primeros pasos para el entonces novel cantante se da con las orquestas de Juanito Arteta y Los Peniques, por las que transitó sin mucha relevancia. De hecho, su llegada a esta última se da por la insistencia de un amigo suyo relacionado a Jorge Beltrán, el director de la agrupación. Para entonces Los Peniques contaba con los vocalistas Victor Piñero, Chico Salas, Ada Vizuet y Tony Izaguirre, lo cual le dificultaba el camino a Pirela, quien se conformaba con cantar al menos una canción en el último set bailable. Todo transcurría sin pena ni gloria, hasta que un buen día el maestro Billo Frómeta le escuchó cantar y mostró interés por sus servicios.


-Llega El Gran Momento-

La entrevista pautada con Billo debía darse en la casa de los Pirela Morón, por lo que la familia se preparó a fin de agradar al Maestro. Cuando éste llegó a la vivienda no hizo más que expresar: “... Quiero contratarlo para que sea el bolerista de mi orquesta. Usted tiene mucho futuro... canta como los ángeles ...”. Corría el año 1960, y a Billo le había sido levantado un veto impuesto por la Asociación de Músicos del Distrito Federal y Estado Miranda.


Billo comenzó a reestructurar su orquesta, lo que para él sería su “Tercera República”, sin duda alguna, la más exitosa de su carrera y con la que trascendió aún después de su muerte. Para ello se hizo además de los servicios de otro maracucho: el guarachero Cheo García. Con la orquesta Billo’s Caracas Boys, las voces de Felipe Pirela y Cheo García adquieren gran prestigio, individualmente, y por la manera como hilvanan sus voces y ritmos en los famosos mosaicos creados por el Maestro. La orquesta causa sensación en el Continente, al tiempo que la dulce voz de Pirela seduce a cientos de miles de fanáticas, si se quiere huérfanas de un ídolo, ante la ausencia de su hasta entonces amor platónico: Alfredo Sadel, quien había tomado la decisión de dedicarse al bel canto.


-Una Nueva Estrella En El Firmamento-

Pirela obtiene fama con la orquesta Billo’s Caracas Boys. Paralelamente comienzan a lloverle ofertas de otros países, la más tentadora, desde México. El cantante le consultó a su mentor, anticipándole sus deseos de mantenerse en la orquesta en la que llevaba mas de dos años. No obstante, Billo sabía que ya era hora de que Pirela comenzara a volar; no sería él quien cortara sus alas, atándolo a su orquesta, truncándole su camino al estrellato definitivo. Tras la venia y asesoría de Billo, Pirela parte al país azteca donde le esperaba el camino a la internacionalización como solista y su posterior consagración como “El Bolerista de América”.

Una vez cumplido su compromiso en México Pirela regresa a Venezuela, ya que había empeñado su palabra de matrimonio a la joven Mariela Montiel. Las nupcias se celebran en septiembre de 1964. Vale señalar que Pirela (23) es diez años mayor que ella, al tiempo que la unión, tan furtiva como efímera, llega a un triste desenlace con un escandaloso divorcio que marcó al Bolerista de América para siempre. 

-“Sombras Nada Más” el auge y caída de un ídolo-

Sumido en una fuerte depresión, con su decepción a cuestas, Pirela decide marcharse de Venezuela. Su fama y prestigio adquiridos le permiten abrir las puertas de Hispanoamérica. En su exilio graba el LP “Entre tu amor y mi amor”, que adquiere impresionantes cifras de ventas traducidas en reconocimientos artísticos. Al tema promocional que da título al disco se suma una seguidilla de éxitos. A pesar de ello, el mal ya estaba hecho. Desmoralizado y socavado en su orgullo sufre una nueva depresión, transitando senderos inesperados que igualmente disminuyen el intenso brillo de su estrella. Se radica en Puerto Rico, donde comienza a cantar en locales nocturnos de dudosa reputación. 

Así llega la fatídica noche del 2 de Julio de 1972. Según cuenta la leyenda, luego de culminar su presentación en el bar “El Molino Rojo” con su interpretación del tema “Sombras”, se despide del dueño del local y de los habituales clientes, tomando un rumbo incierto. Interceptado en una oscura calle, y en circunstancias aún confusas, una certera bala extingue la luz de su existencia. Si el tema en cuestión fue o no su última interpretación no es la razón que nos ocupa ahora, así sea muy cierto como ajuste al colofón de su triste historia:

“... Pude ser feliz

y estoy en vida muriendo

y entre lágrimas viviendo

el pasaje mas horrendo

de este drama sin final ...”

("Sombras" . Autores: Contursi - Lomuto)


-Homenajes-

Día a día, en cada rincón del Caribe Felipe Pirela es evocado desde el mas humilde ciudadano hasta el mas brillante intelectual. En cada rockola, vellonera, o cualquier estación radial, al menos una vez se dejan escuchar sus interpretaciones. Constancia de su influencia son los diversos homenajes registrados en varias grabaciones, en particular, el realizado por el puertorriqueño Héctor Lavoe en "Recordando a Felipe Pirela" (FANIA - JM 00545, 1979), así como el del colombiano Jimmy Rey en "Señor Bolero" (1998). 

En Venezuela, la cineasta y periodista Milagros Rodríguez le rindió tributo a través de su documental "La vida es un bolero: Felipe Pirela, El Bolerista de América" (2001). Si bien es cierto que estos trabajos demuestran la admiración por su legado artístico, el hecho de permanecer en la memoria de su pueblo, es el más sincero homenaje que un artista merece en su viaje a la posteridad.

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